De diesel a fórmula 1

El botón secreto para dejar de ser un corredor lento

(y por qué no te atreves a pulsarlo)


Hay un tipo de corredor que me cruzo casi todas las mañanas.

Un diésel humano.

Siempre el mismo circuito. Siempre la misma ropa. Siempre el mismo ritmo.

Un trote cansino, constante, que no cambia ni aunque le persiga un león. El tío va a lo suyo, acumulando kilómetros en modo automático.

Y tú, seamos honestos, te pareces a él más de lo que te gustaría admitir.

Corredor solitario

Estás atascado en tu «ritmo cochinero».

Sales a correr y te pones a trotar. Y ya está. Kilómetros y kilómetros a la misma velocidad de crucero.

¿Y los cambios de ritmo? ¿La velocidad?

Eso te suena a otra liga. A la de los profesionales.

A la gente que va a la pista de atletismo a echar el pulmón por la boca.

Te acojona.

Piensas en «series» y te imaginas a un sargento chusquero gritándote mientras vomitas en una esquina. Crees que si no duele, no sirve.

Menuda gilipollez.

Ese es el mayor mito y la mayor mentira que ha paralizado a miles de corredores populares.

Te voy a contar un secreto: los cambios de ritmo no tienen por qué ser una tortura.

De hecho, pueden ser un juego.

Los suecos, que de correr en el frío saben un rato, lo llamaron Fartlek.

¿Sabes qué significa? «Juego de velocidades».

No «tortura de velocidades». Juego.

Y es tan sencillo como esto:

Estás en tu rodaje. Vas a tu ritmo. Y de repente, ves una farola a 100 metros. Y dices: «voy a apretar hasta ahí». Y aceleras. Llegas. Y vuelves a tu ritmo suave.

Luego ves un banco. Y repites.

Corredores rápidos

Luego una subida. Y la haces más fuerte.

No hay un cronómetro. No hay distancias exactas. No hay un sargento gritándote.

MANDAS TÚ. Juegas con el terreno. Juegas con tus sensaciones.

Tu cuerpo no es un motor diésel, es un híbrido.

Necesita esos chispazos de electricidad para despertar. Para ser más eficiente. Para aprender a usar diferentes combustibles. Para que cuando llegue el día de la carrera y necesites adelantar a alguien en el último kilómetro, tu cuerpo sepa qué coño tiene que hacer.

Si solo le enseñas a ir a un ritmo, solo sabrá ir a un ritmo. Es de cajón.

Empezar es fácil. No necesitas una pista. Solo un parque, un camino, lo que sea. Y ganas de dejar de ser previsible.

La improvisación está bien para un día. La mejora viene de un plan.

En el Cuaderno de Entrenamiento no te lleno la cabeza de paja. Te doy planes específicos. Te digo qué días toca «jugar» con el Fartlek y qué días toca hacer series con distancias y tiempos clavados.

Porque para mejorar, necesitas las dos cosas. El juego y la disciplina.

Tú decides.

Puedes seguir siendo un motor diésel, previsible y aburrido.

O puedes instalar ese botón secreto y descubrir la velocidad que no sabías que tenías.


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