La inteligencia aplicada al entrenamiento

Tu reloj GPS te está engañando

(y por eso sigues corriendo como un pollo sin cabeza)


En este artículo vamos a desmontar el mito de que la tecnología te hace mejor corredor. La tecnología te da números. La inteligencia te da resultados. Y la inteligencia necesita un lápiz.


Terminas de correr.

Parás el reloj. Lo sincronizas con el móvil. Y empieza la fiesta de los datos.

Ritmo medio, ritmo por kilómetro, cadencia, oscilación vertical, tiempo de contacto con el suelo, potencia estimada, zonas de frecuencia cardíaca…

Quince pantallas de gráficos coloridos que te hacen sentir como un ingeniero de la NASA analizando el despegue de un cohete.

Te sientes profesional. Tecnológico.

Crees que tienes toda la información. Crees que tienes el control.

Y una semana después, te estancas. O peor, te lesionas.

Y no entiendes por qué.

«Pero si tengo todos los datos», piensas. «Si sé hasta cuántos milisegundos pisa mi pie derecho el suelo».

Tienes datos, sí. Una avalancha. Lo que no tienes es sabiduría.

El espejismo de la memoria: por qué no te acuerdas de nada

«No necesito apuntar nada», dices. «Yo me acuerdo de cómo me fue el martes».

Mentira.

Corredor inundado de pantallazos del reloj

Tu memoria es una traidora. Olvida rápido. Y lo que es peor, inventa. Reescribe el pasado para que encaje con lo que quieres creer.

¿Ese pinchazo en el isquio? «Bah, fue una molestia sin importancia». ¿El día que te arrastraste como un gusano? «Bueno, hacía mucho viento».

Somos expertos en autoengaño. Tu cerebro te protege. Prefiere olvidar el sufrimiento y magnificar los pequeños éxitos. Y así, es imposible aprender de los errores.

No te acuerdas de si esa pequeña molestia en el sóleo apareció después de las series del martes o en el rodaje tranquilo del jueves . No recuerdas si el día que volaste fue porque habías dormido bien, porque cambiaste de zapatillas o porque, simplemente, los astros se alinearon.

Sin un registro fiable, corres a ciegas.

Repitiendo los mismos errores una y otra vez. Culpando a la mala suerte de tus lesiones y a tu «mala genética» de tu estancamiento.

El poder olvidado de escribir: piensa, registra, entiende


Ahora imagina esto:

Terminas de correr. Te sientas cinco minutos. Abres un cuaderno. Y escribes.

No solo los números fríos que te escupe el reloj: distancia, tiempo, ritmo. Escribes la verdad.

¿Cómo te has sentido? ¿Las piernas iban solas o pesaban como plomo? ¿Alguna molestia? ¿Dónde? ¿Cuándo empezó? ¿Fue un pinchazo o una quemazón?

¿Qué comiste antes? ¿Dormiste bien anoche? ¿Hacía calor, viento, llovía? ¿El terreno era asfalto o tierra?

El simple acto de escribir te obliga a pensar. A reflexionar. A conectar los puntos.

Ya no son solo números aislados. Es una historia. Tu historia.

El papel no juzga. No tiene ego. Simplemente registra.

Hoja de ficha del cuaderno

Y al cabo de unas semanas, cuando revisas esas páginas, ocurre la magia.

Empiezas a ver patrones.

«Vaya, cada vez que hago series los martes, el miércoles tengo una molestia en el tendón de Aquiles. Quizás debería dejar más descanso o calentar mejor».

«Los días que duermo menos de 7 horas, mi ritmo cae 15 segundos por kilómetro. Igual debería acostarme antes».

«Desde que cambié las zapatillas, el dolor de rodilla ha desaparecido. Interesante».

Eso, amigo mío, es inteligencia aplicada al entrenamiento. Es dejar de ser un pasajero de tus datos y convertirte en el piloto.

El corazón del Cuaderno de Entrenamiento: las Fichas son tu detective

Cuando diseñé el Cuaderno de Entrenamiento, no quería hacer solo un libro con planes. Eso ya existe. Quería crear una herramienta completa. Un sistema.

Por eso, la mitad del Cuaderno no son planes. Son Fichas de Entrenamiento. Más de 100 páginas esperando a que escribas tu historia.

Corredora bajo la lluvia

Y esas fichas no son una hoja en blanco.

Están diseñadas para hacerte las preguntas importantes. Para obligarte a pensar .

¿Tipo de entrenamiento? No es lo mismo un rodaje suave que unas series agónicas.

Distancia y Tiempo: Los datos básicos, sí. Pero son solo el principio .

Ritmo Promedio: El número frío .

Pulsaciones (media y máxima): Para ver cómo reacciona tu corazón .

Esfuerzo Percibido (EP 1-10): Aquí empieza lo bueno. ¿Cómo de duro sentiste que fue? Del 1 (paseo) al 10 (agonía) . Esto es más importante que el ritmo.

Tiempo y Condiciones: Sol, nubes, lluvia, viento… ¿Corriste con 30 grados o con 5 bajo cero? Influye. Y mucho .

Terreno: Asfalto, pista, tierra… Cada superficie castiga tus piernas de forma diferente .

Ayunas / Con Comida: ¿Saliste con el depósito lleno o vacío? Fundamental para entender pájaras o sensaciones de pesadez.

Sensaciones: Las tres caritas (Buena 😊 / Normal 😐 / Mala 😞). Un resumen rápido de tu estado de ánimo y físico. Pero no te quedes ahí…

Notas: Este es tu espacio. Tu diario. Aquí es donde escribes la verdad completa . «Molestia en el piramidal izquierdo a partir del km 8». «Buenas sensaciones, podría haber seguido». «Mucho viento en contra en la segunda mitad». «Estrené zapatillas, muy cómodas». «Dormí fatal, piernas pesadas» .


Ahí está el oro.

En conectar el número (ritmo, distancia) con la sensación, la condición externa y tus hábitos (sueño, comida).

Tu reloj GPS te dice QUÉ has hecho. Tu Cuaderno de Entrenamiento te ayuda a entender POR QUÉ ha pasado lo que ha pasado.

El reloj es un simple chivato. Un colector de datos sin cerebro. El Cuaderno es el detective. La herramienta que te convierte esos datos en conocimiento útil.

CE_anillas_metalicas_portada-por-joven-mirando-abajo-1

Deja de coleccionar números. Empieza a coleccionar respuestas.

Puedes seguir ahogándote en un mar de datos inútiles. Sintiendo que controlas mucho porque tu reloj te mide hasta la longitud de la zancada. Y seguir estancado. Y seguir lesionándote.

O puedes dar un paso atrás. Coger un lápiz. Y empezar a usar la herramienta más potente que existe: tu propio cerebro, guiado por un sistema.

Los datos sin análisis son ruido. El análisis sin registro es olvido. El registro sin un plan es caos.

Deja de confiar ciegamente en la tecnología. Empieza a confiar en tu capacidad de entender.

Tu reloj es útil. Pero no es inteligente.

El inteligente tienes que ser tú.


Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *