La trampa de los 10 kilómetros exactos (y por qué tu GPS te está convirtiendo en un peor corredor).
Hay una enfermedad silenciosa entre los corredores populares.
La llamo ‘kilométritis’.
Es la obsesión por el puto número redondo en el reloj.

Sales a correr y tu cabeza solo piensa en una cosa: cumplir la distancia.
Tienen que ser 8 o 10 o 15. Ni un metro menos.
Y te arrastras.
Lo he visto mil veces. Corredores que llegan a casa con la cara descompuesta, la técnica de un pato mareado y el pulso por las nubes.
Pero con una sonrisa forzada.
¿Por qué? Porque el reloj marca 10,00 km. Misión cumplida.
¿Misión cumplida de qué, exactamente?
Acabas de hacer un entrenamiento de mierda. Has forzado la máquina un día que no tocaba. Has ignorado todas las señales de tu cuerpo. Has comprado papeletas para una lesión.
Pero oye, el número es redondo.
Eso, amigo mío, es ego. Es ruido. Es lo que hace la mayoría.
Y por eso la mayoría no mejora. Se estanca. O lo que es peor, se lesiona y lo deja.
Entrenar por distancia, la mayor parte del tiempo, es una trampa mortal.
Te convierte en un robot que persigue un dato. Te desconecta de lo único que importa: tus sensaciones.
Ahora imagina esto.
Sales a correr y tu único objetivo es cumplir 60 minutos.
Te olvidas de la distancia. Te concentras en el ritmo. En tu respiración. En cómo pisan tus pies.
Si ese día tienes las piernas frescas, volarás. Y en 60 minutos harás, quizá, 12 kilómetros. De puta madre.
Si al día siguiente estás cansado, con el curro hasta el cuello, y en esos mismos 60 minutos haces 9 kilómetros… también está de puta madre.
¿Sabes por qué?
Porque en ambos casos has entrenado. Has sumado. Has respetado a tu cuerpo. Has hecho un entrenamiento de CALIDAD.

Correr por tiempo te libera. Y te obliga a ser honesto.
Te quita la presión estúpida del número y te obliga a escuchar lo que de verdad cuenta.
«Pero Beto, las carreras son de kilómetros, no de minutos».
Claro.
No te estoy diciendo que quemes el GPS.
Te estoy diciendo que dejes de usar un martillo para apretar un tornillo.
La distancia es una herramienta. Una muy específica. Y tienes que saber cuándo usarla.
¿Cuándo es la distancia tu aliada?
- Para las series. Obvio. Si te tocan 6 series de 1000 metros, son 1000 metros. No hay más que hablar.
- Para las tiradas largas antes de una carrera. Tu cabeza y tus piernas necesitan saber lo que es correr 18 kilómetros antes de una media maratón. Es una preparación psicológica. Y física.
- Para clavar el ritmo de competición. Si quieres hacer una maratón en 3h 30’, tienes que saber lo que es correr a 5 minutos el kilómetro durante un buen puñado de kilómetros.
Para eso. Para los días clave. Los días de batalla.
Pero tu día a día, tus rodajes suaves, tus días de recuperación… todo eso se mide en tiempo. En sensaciones.
El problema no es el tiempo o la distancia.
El problema es que sales a correr a lo loco.
Sin un plan. Improvisando. Un día haces lo que te dice tu cuñado, otro día lo que viste en un vídeo de YouTube y al siguiente lo que te sale de las narices.
Y así te va.
Por eso hice el Cuaderno de Entrenamiento.
No es un librito con hojas en blanco.
Son 17 planes de entrenamiento probados. Desde empezar a correr tus primeros 5 km hasta bajar de las 3 horas en una maratón.
Y ahí te lo doy todo mascadito.
Te dice CUÁNDO toca correr 60 minutos suaves y CUÁNDO toca reventarse en 6 series de 1000.
Combina los dos sistemas con cabeza. Con un propósito.
Es una herramienta física. De papel y boli. Para que dejes de ser un esclavo de las apps y te conviertas en el dueño de tus entrenamientos.
Ahora tienes dos opciones:
Seguir coleccionando kilómetros como un novato o empezar a entrenar con un plan de verdad.
Si eliges lo segundo, aquí tienes la herramienta:


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